Enamorados de la lectura

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Mi hijo tiene seis meses y ya lee, si ésta no fuera una de las afirmaciones más estúpidas jamás pronunciadas, los padres la repetiríamos hasta la saciedad. Porque todos ansiamos tener un pequeño lector en casa, una reproducción a escala de nosotros mismos hace veinte años, cuando paseábamos por la facultad comentando el vacío existencial de tal o cual personaje. Eso para los que estudiaron carreras de letras, los de ciencias andaban por aquel entonces inventando un polímero adhesivo estable con el que sustituir la cinta aislante de la patilla de sus gafas.

Lo ansiamos porque como padres, queremos lo mejor para nuestros hijos y, seamos sinceros, pocas cosas erradican tan eficientemente el catetismo de la mente humana como leer. Un puñado de hojas curativas que nos dan la posibilidad de vivir otras vidas, de probar otros nombres, de colarnos en el traje y la piel de todos los hombres que nunca seré… Huy, esperen, que me estoy desviando…

El adulto que hoy disfruta leyendo en algún momento fue un niño que amó los libros, así que si queremos dar a nuestros hijos la posibilidad de vivir en carne propia un millón de experiencias increíbles, hay cosas que y cosas que definitivamente no.

a leer con ellos. Si el único texto que tu hijo ha visto en tus manos es la lista de la compra o el prospecto del paracetamol, ¿cómo quieres que el chiquillo lea, criatura? Los niños aprenden imitando, prediquemos con el ejemplo. Si tu hijo te ve leer y disfrutar con la lectura será mucho más fácil que él también adquiera el hábito y lo tome como una actividad cotidiana de las que molan, no ésa de jugar a la consola, que es un tostón.

NO les regañemos si no leen, ni les forcemos a que resuman lo leído. La lectura es un acto íntimo entre lector y libro, independientemente del tamaño que tengan los dos. Cuando ellos se sientan más confiados, compartirán sus aventuras con nosotros.

a tratar la lectura como si fuera un juego. No esperemos que lleguen al alma de los personajes o infieran ideas aplicables al panorama social actual. Leer nunca puede ser una obligación, ni mucho menos un castigo. Haz que leer se convierta en una experiencia divertida. Juega y lee con ellos, ponle voz a personajes, inventa con él los escenarios, conviértete en el narrador de la casa. Haz de malo, haz de bueno, de princesa valiente, de héroe enmascarado… crearéis juntos momento únicos

NO les obliguemos a leer libros concretos que a nosotros nos gustaban de pequeños. Candy Candy estuvo bien pero ya pasó su tiempo. Como Massiel. Dejemos que ellos tengan sus propias prioridades y gustos. Si los clásicos les aburren, démosles cómics, novelas gráficas, soportes electrónicos, juegos con desarrollo de historias, libros digitales, libros con realidad aumentada… ¿Será por opciones? Ahora mismo hay en el mercado mil posibilidades adaptadas a cualquier edad y gusto, por raro que éste sea.

a toquitear. Si tu hijo se empeña en ser un clásico y sólo viste jerséis de cuello alto negros con monóculo, llévatele a la biblioteca, ¡aprovecha!. Acompáñale por los pasillos, deja que toque, que huela los libros. La proximidad siempre ha hecho surgir buenas amistades, que se lo digan a la niñera de Jud Law.

Las bibliotecas de hoy ya no tienen escaleras estratosféricas ni señoras con moño que nos mandan callar, son lugares divertidos llenos de actividades para niños y salas habilitadas especialmente para ellos. A menudo tienen una oferta cultural extensa donde podrás elegir actividades didácticas individuales o por grupos.

a ir al cine y después regalarle el libro. O al contrario. O todo a la vez. Si la historia le ha gustado, permítele conocer la fuente de la que nació.

a escuchar, a estar calladitos, mientras ellos nos cuentan el cuento, ponen voces, imitan personajes, imaginan, sueñan, inventan…

a convertirlos en autores, en editores, invitándoles a crear su propio cuento, con dibujos, historia, tapas y portada. Se convertirá en un pequeño tesoro para recordar cuando sean mayores.

a divertirnos leyendo. ¡Todos!

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